La historia que te voy a contar está basada en hechos reales. Una historia verídica que me ocurrió y experimenté de primera mano en una remota isla de Malasia… No era la isla Nublar ni la isla Sorna, pero estaba estrechamente relacionada… Una historia para la que no estaba preparado.

Antes de continuar dale al play para escuchar la música de ambientación mientras lees este relato.

A diferencia de los anteriores días de snorkel y nadar en el increíble mar que rodeaba la isla, este fatídico día me hallaba haciendo un trekking por el interior, alejándome de la civilización localizada en la costa en dirección a la cumbre, un lugar que pocas personas habían explorado y desde el cual podría divisar sin duda unas vistas maravillosas de toda la zona.

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Cuando dejé de ascender y por fin el terreno se hizo plano seguí el único camino que había bordeando una valla. Me resultó extraña ya que era bastante alta y no había nada aparentemente importante o valioso que proteger… Parece que no habían reparado en gastos.

Únicamente podía ver un edificio circular tras el vallado con una señal que no podía leer muy bien a causa de la distancia, pero parecía que había escrito algo parecido a INGEN

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Seguí bordeando la verja hasta que me detuve en seco y me quedé observando perplejo que algo o alguien había hecho un agujero en la misma. Era más o menos de mi tamaño pero era imposible que una persona o animal salvaje tuviera la fuerza suficiente para realizar semejante destrozo.

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Miré alrededor, esperando encontrar al causante. Pero fue en vano, y en su lugar a escasas decenas de metros vi más indicios de que algo no iba bien. Habían demasiados destrozos por metro cuadrado y todo indicaba que algo había ocurrido. La vida se abría camino como si la propia naturaleza quisiese borrar lo que una vez el hombre construyó.

El extraño y largo silencio que duraba desde que había llegado a este lugar se rompió súbitamente por un ruido que provenía de no muy lejos. Miré en dirección a la frondosa selva e intenté divisar que era… Conseguí ver algo que se movía pero desapareció rápidamente entre la maleza.

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¿Qué era eso? … Pero antes de encontrar una solución razonable noté otras 2 presencias en las cercanías. Esta vez les vi las caras. Ya nada era razonable… Mi pasión desde pequeño por los dinosaurios se hizo añicos cuando esas criaturas extinguidas hace millones de años aparecieron frente a mi como si hubieran resucitado en la peor de mis pesadillas.

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¿¡Velociraptores!? No hizo falta más para empezar a correr lo más rápido que mis piernas me permitían. Podía sentir como esas criaturas se abalanzaban tras de mi para darme caza, pero no me podía permitir el lujo de mirar atrás y perder un valioso segundo pues necesitaba de todas mis fuerzas para tratar de escapar de mis letales perseguidores.

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Tras avanzar por un nuevo camino de metal la selva desapareció de repente, dejando paso a un acantilado bañado por las aguas mas bellas que hubiera visto jamás. Y quizás las últimas…

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Había unas escaleras que descendían hasta lo que parecía ser un antiguo embarcadero ahora derruido. Tenía una oportunidad de sobrevivir si conseguía llegar allí. Podría lanzarme al agua y rezar para que los reptiles no supieran nadar… Y para que no hubieran otros seres aun peores aguardando en las profundidades.

Mi cara se puso pálida mientras pensaba en la forma menos horrorosa de morir despedazado. Ninguna me pareció adecuada así que decidí seguir luchando por mi vida. Y fue justo en ese preciso momento en el que vi aparecer un bote con varias personas cerca del embarcadero. ¡Al fin un poco de suerte, tenía una forma de escapar!

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El bote atracó y todas las personas pisaron tierra firme. ¡No tenían ni la mas remota idea de lo peligroso que era este lugar! Tenía que llegar hasta ellos antes que mis perseguidores, era la única salvación posible tanto para mi como para ellos.

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Sin perder tiempo, me dispuse a bajar a través de la oxidada y ya abandonada pasarela que descendía hasta la base del embarcadero.

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Miré hacía atrás instintivamente cuando dejé de escuchar el sonido de las garras sobre el metal. Nadie me perseguía… Así que me detuve para recuperar el aliento. ¿Habrían desistido ya? Era muy raro que de repente se hubieran cansado sin razón alguna. A menos que… ¡Me temí lo peor!

Y en efecto así fue cuando escuché unos gritos humanos y unos rugidos reptilianos mezclados entre si. Bajé un poco más desde mi posición mirando hacía la fuente de esa vorágine de ruidos y los vi de nuevo, a varios de ellos…

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¡Está muriendo gente! Pude divisar los cuerpos humanos que eran despedazados sin tregua por todas esas fauces hambrientas… Tuve que apartar la mirada.

Aceleré de nuevo para llegar al bote cuanto antes. Ya no podía ayudarlos… Así que aproveché que los saurios estaban «ocupados» para llegar hasta la base del embarcadero. Había hecho un largo camino hasta aquí, pero ahora tenía que ir con pies de plomo. Cualquier ruido por pequeño que fuera me delataría y pondría fin a mi vida en un instante.

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Podía ver la barca muy cerca. Tan cerca que casi podía llegar de un salto y desaparecer de allí. O al menos era lo que deseaba, la realidad era otra cosa bien distinta, aun me quedaban unos metros antes de cantar victoria definitivamente.

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Realmente no sé como ocurrió pero en un instante mi destino quedó sellado.

Entre mi posición y la del bote apareció de un salto uno de ellos y se plantó delante de mi, cortándome el paso. No existía nada similar que hubiera visto antes. Se parecía a un pavo de dos metros en el sentido de que era como un ave que meneaba ligeramente la cabeza pero infinitamente más mortal. El miedo que sentía ahora no lo sentía delante de un pavo. Tenía unas escamas de diferentes tonalidades que brillaban con la luz del sol y unos ojos oscuros como el azabache.

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A la máxima velocidad que pude, giré 180 grados y corrí en dirección contraria. La única escapatoria consistía en realizar el camino en sentido contrario y en ascenso de todas las escaleras por las que había llegado.

Sin embargo mi plan pareció ser demasiado evidente pues otro raptor que ni siquiera había visto apareció de la nada y me cortó el camino a la vez que me lanzaba una dentellada que esquivé milagrosamente tirándome a la derecha.

Por si aun no fueran lo suficientemente letales, cazan en manadas y utilizan sistemas coordinados de ataque. Me levanté a duras penas, magullado por mi golpe contra las rocas e intenté trepar de nuevo hasta las escaleras por el hueco de la oxidada barandilla.

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Antes de conseguir subir por completo, algo me agarró por la pierna y con una fuerza desgarradora tiró en sentido contrario. Poco pude hacer más que cortarme con el metal oxidado y caer al suelo de nuevo (¿cuantas veces iban ya?).

Zarandeé, sacudí, agité la pierna pero esa mandíbula no cedía ni un centímetro. Mi captor prehistórico me tenía bien apresado.

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Con la otra pierna le di una patada y conseguí que cediese en su afán de hincarme el diente. Me levanté. El pie me dolía, sus afilados dientes habían perforado mi carne fácilmente, y todo indicaba que esa pierna iba a estar fuera de juego por una temporada.

No podía huir y estaba rodeado, todo pintaba bastante mal. Opté por mi última carta: me quedé totalmente inmóvil, quizás su visión se basaba en el movimiento para detectar a sus presas y cazarlas, como en el caso del Tiranosaurio Rex…

Por unos instantes no se movió, simplemente me observaba con la misma mirada que un león miraba a una gacela o a una cebra.

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Yo no parpadeaba ni apenas respiraba. Podría quedarme así por horas si con ello conseguía eludirlos el tiempo suficiente hasta que se aburriesen…

Pero no hizo falta tanto tiempo. Sin previo aviso se abalanzó sobre mi, usando la garra retráctil de 15 centímetros que corta como una cuchilla y tiene en el dedo central.

Y lo peor es que aun estás vivo cuando empiezan a comerte.  No obstante, eso me dio el tiempo necesario para hacer esta última foto:

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¿Y te preguntarás, querido lector, como es que sigo vivo para relatar esto con tantos detalles después de mi dolorosa muerte? xD

Pues principalmente porque redacté este relato el día 28 de Diciembre, día de los inocentes 🙂 Y que mejor día que éste para juntar dos de mis grandes pasiones: los dinosaurios y los viajes a lugares exóticos y rebosantes de naturaleza.

Y te aseguro que las fotos son bien reales. Las hice en Pulau Perhentian Kecil, la menor de las 2 islas Perhentian, en Malasia. Un auténtico paraíso en el que pasé 3 días y disfruté tanto de sus aguas (haciendo snorkel vi tiburones, tortugas, serpientes marinas, mantas y multitud de peces de mil colores y formas, ¡increíble!) como de sus bosques y montañas (realizando trekkings para llegar a playas y otros lugares en los que apenas había rastro de presencia humana, y cruzarme en el camino con bastantes varanos (monitor lizard en inglés), increíbles reptiles de tamaño considerable, primos hermanos de los majestuosos dragones de Komodo).

Una vez confesado y libre de pecado (bueno, eso nunca) espero que hayas disfrutado de mi pequeño homenaje a Jurassic World, la nueva entrega de la saga Jurassic Park estrenada en 2015 y que Spielberg inició en 1993, envejeciendo la mar de bien con el tiempo (la película, no el director).

Y por si no te has percatado, debes saber que todas las frases que he puesto en negrita aparecen en la película original de Jurassic Park, que hizo historia siendo la más taquillera hasta la fecha y puso los dinosaurios de moda hasta hoy en día. Y aunque yo la vi algunos años más tarde de su estreno, marcó mi infancia como una de las películas más influyentes en mi vida.

Y gracias a mi amor incondicional por los dinosaurios, los reptiles son hoy en día mi grupo animal preferido y disfruto como el niño que era cuando vi Jurassic Park por primera vez cuando puedo estar cerca de animales tan preciosos como éste, imaginando que llevan en nuestro planeta millones de años y que quizás tuvieron el honor de convivir con los mismísimos dinosaurios.

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Tanto si te gustan los dinosaurios como si no, deja un comentario explicando si te has creído que era una historia real. ¡No vale mentir! Y comparte esta publicación, seguro que harás feliz a otros dino-adictos 🦖

Cristian Valls
Publicado por Cristian Valls
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